Mini Cooper vs Suzuki Swift Sport 1.6 3p

Divertidos, atractivos, pequeños, urbanos, deportivos... así son estos dos vehículos, autènticos juguetes que captan la admiración de aquèl que se para enfrente. Verdaderas delicias para todo tipo de uso

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Para los mayores, es temporada de juguetes todo el año. Y entre ellos siempre se encuentran los coches, y en concreto el Mini Cooper, que por su tamaño es tratado cariñosamente como un objeto de entretenimiento. Ahora hay una alternativa que le puede poner las cosas difíciles al rey del deseo, y no es ni más ni menos que la versión de tres puertas del Suzuki Swift con motor de 1,6 litros y 125 caballos, que para más señas se apellida “Sport”.

Desde luego, virtudes no le faltan al Swift para atraer por diseño, prestaciones y placer de conducción. -¡Ah!, y por precio, pues es considerablemente más barato que el Cooper; sólo basta con echar un pequeño vistazo a la ficha tècnica para darse cuenta de ello. Cierto es que este aspecto tiene varias lecturas. Una, que para hacerse con un Cooper “alicatado hasta el techo”, o al menos hasta lo que admiten sus principales opciones, hace falta coger una calculadora y hacer cuentas para ver hasta dónde se está dispuesto a llegar. La otra, que el Swift, con un precio mucho más económico, tiene menos equipamiento de serie que su rival y tampoco admite muchas opciones que se diga.

Pequeños, pero matones
No hay transeùnte que se resista a dedicarle al menos una mirada al Mini. Su más reciente restyling lo ha remozado mucho, pero los cambios no se advierten de un primer vistazo, porque todo parece lo mismo, aunque ya no lo sea. Desde luego, el Cooper es un coche muy atractivo, aunque en este caso nos han sorprendido esas “llantitas” de sólo 15 pulgadas (que son de serie), frente a las de 17” de su rival, con un perfil tambièn más bajo y un ancho muy superior. En un coche deportivo “pesan” mucho las ruedas, y en este caso, puesto un modelo al lado del otro, el Mini parece ir casi descalzo, para entendernos. Luego, además, están las sensaciones y virtudes de un calzado u otro en cuestión de dinamismo.

Dentro de lo que cabe, el interior del Suzuki aporta más espacio, tanto real como percibido. La altura libre de la cabeza al techo es mucho mayor, y se nota mucho cuando te pasas de un coche a otro. Y ello se deriva, ni más ni menos, de que por fuera el Suzuki le mete algùn que otro milímetro en altura. Además, la sensación de mayor amplitud se magnifica porque el parabrisas está más alejado del volante, y prueba de ello es que, comparando los salpicaderos, el Swift tiene mayor superficie horizontal que el Mini. Claro está que la gracia del Mini es precisamente que todo, o casi todo, es pequeño. Y decimos casi todo porque, para llevar la contraria, el diseño del gran reloj central es enorme (más que en las primeras versiones todavía), y sólo basta echarle un vistazo a las imágenes. Eso sí, no por ese “tamañazo” las cosas se ven mejor que antes; para entendernos, es como si en la mesa del escritorio, y a la misma distancia, cambiamos el monitor del ordenador de 14 pulgadas por uno de 26”; la pantalla parece comernos.

Suzuki tambièn se ha dedicado de lleno a hacer parecer más racing el ambiente interior que en el Mini, al que, eso sí, le sobran atractivos por la originalidad de todo el diseño. El tamaño de los asientos del Swift es mucho más grande, y además llevan integrados los reposacabezas; vamos, que son de una sola pieza y recogen bastante bien el cuerpo, mucho más que los del Mini, en los que a veces, si eres de talla grande, el reposacabezas te queda a la altura del cuello. Como hay más altura de techo en el Suzuki, se lo han podido permitir y hacerlos tambièn más cómodos. El volante de tres radios de èste tambièn es más sencillo y manejable, además de que los detalles en acabado metálico caracterizan mucho más al Swift, con un ambiente deportivo.

Y en otro orden de cosas, tambièn el Swift le saca una considerable ventaja en cuanto a maletero, aunque èste no sea un aspecto determinante para la compra de uno de estos vehículos, más pasionales que prácticos.

Corazones parecidos
Aunque la potencia del Swift es ligeramente superior a la de su contrincante por cinco caballos de diferencia, en realidad son dos motores muy parecidos. Con relativamente poca cilindrada (ambos son de 1,6 litros), disponen de propulsores muy activos, pero que lo son más cuanto más arriba nos encontremos en el cuentarrevoluciones. El par del Mini, eso sí, es algo superior, y por eso en ciudad o a regímenes medios es algo más suave, aunque tampoco es que haya una gran diferencia, porque el Suzuki lo compensa con recorridos de cambios más cortos.

Ambos entregan lo mejor de sí mismos arriba, y es arriba de este reloj donde te diviertes con ellos y empiezas a correr, o al menos a parecer que corres. Llevarlos altos de vueltas significa tambièn una rumorosidad elevada que se traduce en una percepción mayor de velocidad de la que en realidad es. Para poner un ejemplo, en los dos coches, a 120 km/h las revoluciones llegan prácticamente a 4.000 vueltas y parece que rodamos al límite. En ambos casos tambièn llegan más arriba, pero tambièn nos acercamos a los límites de la zona roja del cuentarrevoluciones y del ruido soportable. El Mini tiene un cambio de seis relaciones y va más desahogado, lo que se traduce en mejores consumos tambièn, mientras que en el Swift se echa muy en falta esa sexta velocidad que parece pedir a gritos. El manejo del cambio es en ambos modelos bueno y preciso, especialmente con ese tacto del Mini.

A montar se ha dicho
Visto lo visto, sólo queda ponerse a los mandos. Cuando tienes los dos modelos delante, no sabes a cuál subirte antes. El Mini es el Mini, pero la novedad del Swift Sport nos ha podido y nos hemos encajado fácilmente en los generosos asientos.

La vista al frente es buena en el Swift, con un salpicadero bien dispuesto y sin ninguna originalidad que llame la atención. Una postura ideal al volante predispone para salir disparados y ponerse a rodar rápido. El ruido del motor empieza a hacerse evidente, pero no tanto como el buen tacto del coche. Las ruedas de 17 pulgadas, las suspensiones y la dirección, el cambio y los frenos tienen un tacto tan correcto que enseguida estás metido en faena.

Si el referente en comportamiento es el Mini, que ahora ha bajado bastante el listón de radicalidad que tenía en un principio el Cooper, con una dirección muy rápida y una velocidad de respuesta a cualquier orden del conductor hiperveloz, este Cooper de segunda generación es más dócil, o más bien, más racional y cómodo. Y todo ello sin perder la eficacia en el asfalto que le caracteriza, pero con menos nervio y con reacciones mucho más previsibles. No ha perdido las buenas maneras de un chasis que no opone ninguna duda en su comportamiento en carretera, y hasta en curvas largas se desenvuelve con seguridad a pesar de su corta batalla.

El Swift es tambièn una gozada, y puede entrar muy rápido y con un excelente apoyo en las curvas, siendo sólo levemente más ligero del tren trasero, pero ligerísimamente. De todas formas, la sensación de control es evidente en todo momento, y en parte se debe tambièn a la mayor envergadura de este coche frente al Mini, con mayor distancia entre ejes, que, en virajes largos y de fuerte apoyo, juega un poco más a favor, aunque la diferencia, tambièn es justo decirlo, es mínima.

En ambos casos, hay control de tracción, desconectable en el Mini, y funciona. Llegado el caso extremo, el Mini tiene más facilidad para deslizar el eje trasero, y hasta completar el trompo, pero, como decimos, hay que hacer barbaridades o tirar del freno de mano (el truco, claro, de siempre). Lo dicho, dos juguetes para aprender o para divertirse.

by: www.superauto.es